Muerte en el Bosque
Cuentista de tono muy especial, Amparo Dávila (1928) ha escrito
relativamente poco: Tiempo Destrozado y Música Concreta, dos volúmenes
aparecidos en 1959 y publicados por el Fondo de Cultura Económica,
sintetizan su obra en prosa, a la que se suman varios poemarios.
Los cuentos reunidos en Muerte en el bosque, recopilación de aquellos dos
volúmenes, pueden enmarcarse dentro de lo que la crítica denomina
literatura fantástica. Las raíces de este género vienen de lejos, de la
antigüedad, de los mitos; mas en nuestro tiempo asume una dimensión
consideran necesario transmitir al lector. Y si nada de lo que les rodea les
parece mejor que su sueño, su imaginación crea entonces un mundo alterno,
en el que existen otros destinos, regidos por otras leyes. El héroe antiguo
podía esperar auxilio de la divinidad, pero ahora ésta se halla lejos y el héroe
solo.
Stendhal decía que la novela era «un espejo que se paseaba a lo largo de un
camino». En el espejo novelístico tiene entonces que reflejarse todo lo que
exista en ese camino, pero lo que está arriba o abajo, detrás o muy lejos,
queda sujeto a la invención del escritor de temas fantásticos porque en tales
lugares hay otros hombres, otras vidas, otras cosas que se resisten a ser
captadas por la pulida superficie del cristal.
Amparo Dávila nos lleva al mundo de estos seres y cosas marginales,
esquivos, dados siempre a moverse en los planos que consideran más
suyos, partiendo la autora siempre de una «realidad» en la que
insensiblemente van filtrándose otras dimensiones capaces de engullirse o
de alterar definitivamente el destino de sus personajes

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